Cuando conocí a Juan y a Marisa, tuve esa extraña pero agradable sensación de que los conocía de toda la vida. Juan parecía más serio pero cuando se relajó descubrí  su buen humor y su sonrisa permanente. Marisa, desde un principio, se mostró relajada y desenvuelta, transmitiendo su alegría y toda su energía positiva.

Esta sesión desenfadada tuvo  lugar, a petición de ellos, en el parque de su pueblo natal (Bormujos), donde se escapaban como adolescentes para darse esos primeros besos furtivos. Mientras capturaba sus miradas de complicidad, me contaban entre risas anécdotas de sus comienzos como pareja, y cómo habían ido madurando juntos hasta llegar al día que se unirían para siempre, pocos días después de esta sesión.
¡Felicidades chicos!